Breve historia del euro y el dólar

 

Veamos un poco más sobre la historia del euro y el dólar desde sus comienzos hasta nuestros días.

Como vimos en el post anterior ¿Qué es el dinero?, la función de atesoramiento sólo puede realizarla el dinero de pleno valor: monedas y lingotes de oro, piedras preciosas, objetos de oro, etc.

A continuación les contamos como estos mágicos papelitos adquirieron tanta importancia para desplazar a esos valores.

Historia del dinero

Desde tiempos remotos el hombre ideó sistemas para dar valor a las cosas y poder intercambiarlas, primero se utilizó el trueque, después el intercambio y luego surgió el dinero.

Las primeras monedas que se conocen, se acuñaron en Lidia, la actual Turquía en el Siglo VII A. de C., eran de aleación natural de oro y plata, ya que para todos los pueblos el oro era el metal más valioso seguido de la plata, patrón que se traslado a la fabricación del dinero.

Durante siglos en Grecia, casi 500 Reyes y 1.400 ciudadanos, acuñaron sus propias monedas, y se estableció la costumbre de adornar cada moneda con el dibujo de su emblema local. Si hoy hablamos de salario, es porque en un tiempo los soldados de la Antigua Roma recibían su paga en sal. El imperio también creó el primer sistema monetario unificado.

Por lo tanto obispos, nobles, propietarios y diversas localidades se dedicaron a acuñar monedas, esta dispersión fue habitual hasta la época de Carlo Magno, que reformó el sistema en el siglo VIII y devolvió el control de su emisión al poder central.

El pionero en utilizar billetes, fue el emperador mongol, Kublai-Khan en el Siglo XI. En sus inicios, los billetes eran certificados sobre la existencia de un depósito de oro en un banco.

A finales del Siglo XVI, cuando el público empezó a usarlo para saldar deudas y realizar pagos, los bancos emitieron certificados por cantidades fijas, los primeros billetes oficiales se emitieron en 1694, por el Banco de Inglaterra, así nació un nuevo tipo de dinero, el fiduciario.

Durante la dinastía Tang, aparecieron los primeros bancos en los que la gente depositaba sus monedas y a cambio se le extendía un certificado por el importe depositado que servía como medio de pago. Así la gente no tenía que movilizarse con las pesadas piezas de plata. En Occidente recién en el siglo XIV comenzó a utilizarse este sistema que llegó a imponerse con el tiempo.

En Europa habría que esperar hasta el siglo XVII para que surjan los primeros ejemplos de papel moneda, como es el caso de los pagarés o promesas de pago contra una cantidad depositada en los bancos.

Previamente se había generalizado la custodia del oro y de las joyas de las familias adineradas por parte de los orfebres, quienes entregaban resguardos con su firma y sello a los depositantes. Al igual que los pagarés, tales resguardos acabarían siendo aceptados como medios de pago en las transacciones.

Durante el siglo XVIII se irán fundando bancos para satisfacer las necesidades financieras de los estados y los particulares, sustituyéndose gradualmente sus emisiones iniciales de pagarés, vales, bonos, etc., por billetes.

Con todo, habrá que esperar al siglo XIX y al enorme impulso que recibieron los bancos con la gran demanda financiera que la revolución industrial trajo consigo, para que el papel moneda se afiance definitivamente.

El Dólar

En 1535, el hijo de Felipe el Hermoso y de Juana la Loca, quien llega a ser conocido con los nombres de Carlos I Rey de España y Carlos V Emperador de Alemania, ordena que en México se empiece a acuñar una moneda similar a la que se utilizaba en Europa con el nombre de thaler; nombre que es una abreviatura de Joachimsthaler, el valle al norte de Bohemia en el cual se encontraban las minas de plata que proveían el metal para acuñarla.

Los españoles residentes en México cumplieron la orden y acuñaron los thaler. Sin embargo, al no estar familiarizados con la letra “th” sino con su correspondiente sonido “d”, sustituyen las dos letras y bautizan la nueva moneda con el nombre de ‘daler’.

Pero la iniciativa de los acuñadores fue más allá y (recordando su travesía y su origen) tallan en los daler las dos columnas de Hércules reluciendo contra un horizonte formado por las costas del viejo y el nuevo mundo. Esta efigie estilizada origina la figura de una ‘S’ cruzada por dos barras verticales, la que eventualmente llega a ser el símbolo del daler.

En el primer siglo de acuñación, los daler de plata fluían casi en su totalidad directamente a España. Se calcula que entre 1540 y 1650, en el antiguo reino moro de Granada el exceso en la circulación de monedas de plata, generó un aumento en el nivel de precios superior al 600 por ciento en un mundo donde la inflación era entonces un fenómeno desconocido.

En las colonias inglesas asentadas al norte de México (sin minas de plata ) si algún daler ingresaba a ellas, su contenido de metal era inmediatamente reciclado para fines más prácticos.

Por otro lado, desde sus primeros asentamientos, los colonos ingleses habían aprendido a usar como dinero cualquier objeto que se presentará más o menos manejable, incluyendo hojas de tabaco, pieles, sal, conchas y, en años previos a la revolución, el papel.

Fue precisamente la moneda de papel lo que ayudó a financiar la revolución y liberación de Norteamérica. En 1751, Benjamín Franklin viaja a Londres para solicitar a los miembros del Parlamento Inglés que permitiesen a sus colonias de América imprimir moneda, ya que así podrían dejar de depender de los envíos de las libras esterlinas que llegaban tarde, mal o nunca. La petición de Franklin fue rechazada.

Sin embargo Franklin era un hombre práctico y, antes de retornar a Norteamérica, adquirió la mejor imprenta que pudo. Desde esa imprenta se creaban todos los billetes requeridos para pagar los gastos de la revolución y liberación de los Estados Unidos.

La necesidad de contar con una nueva moneda, es percibida por Alexander Hamilton, Secretario del Tesoro en el gobierno de George Washington, quien propone y logra que Estados Unidos adopte como moneda propia al daler mexicano, que pronto comienza a ser denominado “dollar” bajo la fonética de la lengua inglesa.

El dólar de plata sobrevivió hasta comienzos de Siglo XX. El 1 de marzo de 1900, el presidente William MacKinley oficialmente decretó que a partir de ese día el valor del dólar dejaba de ser cotizado en plata y comenzaba a ser cotizado en oro.

Poco antes de finalizar la Segunda Guerra Mundial, los países vencedores que se habían reunido en el hotel “Mount Washington”, ubicado en Bretton Woods, decidieron que las futuras transacciones que realicen entre sí los países del mundo occidental, debían efectuarse en dólares y que, a su vez, los Estados Unidos se comprometían a entregar una onza de oro por cada 35 dólares, cuando cualquier país así lo requiriese.

Es decir, internacionalmente se aceptaba el compromiso de hacer funcionar al patrón oro.

La aceptación del dólar como moneda universal se basaba en reconocer a EEUU como un país lo suficientemente rico como para que todos crean que esos papeles de color verde en efecto podrían ser cambiados por oro.

Sin embargo esta situación no podía durar y el 15 de agosto de 1971, el presidente Nixon anunció que su gobierno había adoptado la medida monetaria más revolucionaria del Siglo XX. Dicha medida consistió en anular el compromiso de pagar con oro el valor del dólar.


Los hechos que sucedieron después son bastante conocidos:

  • La emisión de dólares sin respaldo deterioró su cotización frente a otras monedas
  • La inflación mundial logró transformarse en una amenaza gracias a las políticas monetarias
  • Se facilitó el financiar e inflar la deuda del tercer mundo a niveles absurdos
  • La disciplina monetaria mundial quedó atada a la voluntad de Europa y EEUU, mediante el Banco Mundial y el FMI.

Lo paradójico de esta breve historia es que Europa, que ordenó dar vida al dólar, ya dejó de utilizarlo. Mientras que en América Latina se sigue  usando el dólar y es la moneda con la que se contabiliza la deuda externa de la región.

Euro

La moneda fue introducida oficialmente el 1 de enero de 1999, cuando dejaron de existir como sistemas independientes las monedas de los once países de la Unión que se acogieron al plan de la moneda única, la denominada zona euro: Alemania, Austria, Bélgica, España, Finlandia, Francia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos y Portugal.

El 1 de enero de 2001 se incorporó Grecia. Sin embargo, debido al período de fabricación requerido para los nuevos billetes y monedas, las antiguas monedas nacionales, a pesar de haber perdido la cotización oficial en el mercado de divisas, permanecieron como medio de pago hasta 2002. Dinamarca, el Reino Unido y Suecia no aceptaron la moneda única.

En julio de 2002, el euro sobrepasó la paridad con el dólar estadounidense en el mercado de divisas por primera vez desde febrero de 2000, y se ha mantenido en esta situación.

El euro es el sucesor del ECU, unidad monetaria europea (European Currency Unit). El símbolo del euro (€), desarrollado por la Comisión Europea, se inspira en la letra épsilon (e) del alfabeto griego. Se escogió este símbolo como referencia a la inicial de Europa, E. Las dos líneas paralelas hacen referencia a la “estabilidad” dentro de la zona euro.

La introducción de una única moneda para muchos estados separados presenta un número de ventajas y desventajas para las naciones participantes. Las opiniones difieren según los efectos del euro hasta el momento, ya que muchos de ellos llevarán años en ser entendidos. Las teorías y predicciones abundan.

Uno de los beneficios más importantes del euro fue la reducción de los riesgos provenientes del tipo de cambio, facilitando la inversión a través de las fronteras.

Los cambios en la relación entre monedas generan habitualmente un riesgo para las compañías e individuos al invertir o incluso importar o exportar fuera de la zona de su propia moneda. Las ganancias pueden ser rápidamente eliminadas como resultado de las fluctuaciones de las tasas de cambio.
Por lo tanto la mayoría de los inversores y de los importadores/exportadores tienen o bien que aceptar el riesgo o “cubrirse” teniendo varias opciones disponibles, resultando en mayores costes en el mercado financiero. Consecuentemente, es menos atractivo invertir fuera de la zona de la propia moneda.

En un próximo post veremos la relación entre el dólar y el euro para terminar de cerrar esta breve historia y entender su evolución hasta el día de hoy.

 


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